En los rostros «descartados» las personas consagradas «se reflejan a sí mismas» porque es precisamente en ellas donde ven «a Cristo sediento, maltratado, extranjero, encarcelado»; en esos abismos de humanidad, «las personas consagradas se hacen cercanas a todos, sin excepción, y en su corazón misericordioso y misionero traen la fraternidad humana». Isabella Piro – Ciudad…
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