Nadie dijo que fuera fácil. Nadie prometió un camino de rosas, un sentimiento siempre festivo, la convicción sin muescas, o una fe pujante. Solo una pregunta, «¿podéis beber mi cáliz?» como la que hizo Jesús a los Zebedeos cuando estos andaban más pendientes de primeros puestos que de las consecuencias del evangelio en su vida….
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